CAPÍTULO PULACAYO - Mito y Historia PÁGINA



PULACAYO 1833-1993
NOMBRE DE LEYENDA



ENTRE EL MITO Y LA HISTORIA

Por Herbert Flores Montoya y Hildebrando Martínez Mendiela



 Acceso directo a los capítulos:

→Pulacayo Colonial

→Memoria Histórica Republicana de Pulacayo

→Topónimos y memoria histórica comunitaria

→Uyuni y Uyuni Viejo

→Atocha la Vieja y Atocha

→Mauk'a Pulacayo y Pulacayo actual

→Desarrollo de los campamentos Mineros



■ PULACAYO COLONIAL

Los datos más confiables sobre Pulacayo, se encuentran en la erudita y voluminosa obra de Pedro Vicente Cañete, citando a Huanchaca como "uno de los principales minerales de Porco", de la Intendencia y provincias de Potosí. Aunque la aparente omisión de Pulacayo en la carta geográfica de la provincia de Potosí, mandada a preparar por el citado autor del año 1787, implicaría suponer la inexistencia de este pueblo o tratarse sólo un campamento minero con el mismo nombre de Guanchaca, tal corno advertimos en el mapa cartográfico de ese año.
Otros datos señalan que el mineral fue explotado entre 1773 y 1793 por mineros españoles, entre ellos el coronel Tardió, viéndose obligados a abandonarlo luego de la tercera insurrección indígena y las primeras escaramuzas de la llamada "guerra de la Independencia".
Otra referencia referida a la época de la explotación minera durante la colonia, son los testimonios de los testigos presentados por Ramírez. Éstos declararon bajo juramento que el último propietario de la mina fue un europeo de apellido Maturana que habría fugado a raíz del cruento enfrentamiento en la sublevación indígena de los años 1780 - 1782. A partir de esa época nadie trabajó la mina, excepto algunos "pucheros", ocasionalmente dedicados a remover los relaves del ingenio San Juan de Guanchaca, en procura de algún azogue.
La ausencia de Guanchaca, o el hoy llamado Pulacayo en la relación de los cronistas en los siglos XVII y XVIII, denotarían una curiosa omisión, por cuanto tal yacimiento estaba en las entrañas de los cerros Norte circunvecinos de la transitada ruta de transporte de las barras de plata o los quintos reales provenientes de la Villa Imperial, con dirección a los puertos del Pacífico. Raro enigma, en mucho inexplicable, conocida como fue la exhaustiva búsqueda por los ambiciosos conquistadores, que no dejaron sitio alguno sin revisar a conciencia.

■ MEMORIA HISTÓRICA REPUBLICANA DE PULACAYO

En la mañana del 17 de diciembre de 1833 el español Mariano Ramírez, José Ignacio del Río, mineros de profesión y el comerciante José Santiago de Portuondo, suscriben la escritura de constitución de una sociedad o compañía mineralógica, "Con el propósito de proseguir el trabajo de los ingenios de Huanchaca y de explotar los metales de plata de los minerales de Pulacayo y Pocañeta". "La hacienda e ingenio arruinados de Guanchaca", fueron adquiridos en 500 pesos por Ramírez y sus socios del "Coronel español Manuel Tardío Herrera".
Mariano Ramírez obtuvo la licencia de "cateo general" de los cerros comprendidos en la diputación territorial de Tolapampa, descubriéndose así un cegado "barreo" (bocamina) denominado 'Pata Ocko' en los cerros de Pulacayo. A partir de agosto del mismo año, las labores de rehabilitación minera, fueron ejecutadas por su hermano Severino Ramírez, en tanto él se trasladó a Atocha la Vieja, donde permaneció posiblemente hasta los primeros días del mes de diciembre, haciendo un sugestivo acto de presencia en la ciudad de Potosí, para registrar ante notario, la Sociedad Mineralógica Guanchaca.
A inicios de 1834, Mariano Ramírez solicitó la adjudicación de las primeras estacaminas, previa testificación juramentada de ser zona "yerma, abandonada y despoblada desde inmemorial tiempo", corroborando con testigos la inexistencia, siquiera, de míseras chozas habitadas.
En los subsiguientes años, cada socio, por sí o por poder fueron tomando posesión de nuevas estacaminas, recordando nuevamente la ausencia de otros interesados. Hacia 1838 se tomó posesión de la Veta Tajo, así llamada desde antigua época.

■ TOPÓNIMOS Y MEMORIA HISTÓRICA COMUNITARIA

La historia y el mito se entrecruzaron en alguna incierta época anterior al descubrimiento de las riquezas argentíferas. Sé cuenta que un jinete, viajando sobre una briosa mula habría sufrido una caída, en un providencial lugar donde refulgía un incomparable pedazo de mineral de plata. Poco después, llegado a su destino, enseñaba ufano la plata de mineral, provocando la general admiración, preguntando:

- ¿Dónde la encontraste? -

Respondiendo lacónicamente:

- Donde la mula cayó. -

De la concisa respuesta, el desconocido autor de la versión fabricó la etimología de Pulacayo: mula cayó – mulacayo – Pulacayo. Deducción, aunque artificiosa, ha adquirido todos los derechos para continuar en su sitial.
Para la época de Ramírez, se conocía ya su existencia con ese nombre. Refiere Ricardo Arce (citado por Condarco Morales: Aniceto Arce... La Paz, Juventud, 1985) que "una india vieja de Tolapampa llevó de un modo sigiloso a Don Mariano Ramírez hasta Mulacayo, vale decir al mismo paraje posteriormente conocido como Pulacayo Viejo, donde le enseño un ramo de veta".
Por lo general, las antiguas generaciones precisaban los lugares por la primera impresión de la región a la vista, o de lo contrario, coincidiendo con fechas de calendarios costumbristas, de incuestionable origen hispánico (veta Corpus, veta Santo Tomás, veta Esperanza, etc).
Los manuscritos de l a época (1834 a 1841), hacen hincapié en serios inconvenientes en la manutención de la mina, provocados por la creciente infiltración de agua muy atemperada en las labores mineras en explotación, sumándose las emanaciones de gases tóxicos, fenómenos naturales que persistieron a lo largo de la vida útil de la legendaria mina de Pulacayo. El año 1841, el panorama se tornó sombrío, los mencionados planes de las minas, comenzaron a inundarse, resultando poco menos que inútiles, los esfuerzos para desaguarlos y ventilarlos a la vez, aspectos constatados por la inspección técnica, efectuada por instrucciones de la diputación territorial de minas de la antigua provincia Porco (ahora Quijarro).

A esta altura, se deduce:

1. Las labores de explotación se circunscribían, a todas las vetas localizadas en el o los cerros de Pulacayo.

2. Estas mismas vetas fueron explotadas hacia el piso de ellas, o sea fueron profundizando sin otra vía de acceso, que los socavones preexistentes, previamente rehabilitados.

3. Jamás se mencionó ni por asomo, la existencia de ninguna población denominada Pulacayo, dando la sensación que los obreros habitaban, en su mayoría en el ingenio Huanchaca, y unos cuantos en el campamento erigido por Maturana y abandonado probablemente entre los años 1780 a 1782, como consecuencia del levantamiento indigenal en la época de Tupac Amaru, quienes propugnaron la devolución de las minas y la expulsión de los españoles de las áreas indigenales.

4. La producción de minerales corría el riesgo de paralizarse y quizás el abandono de la región y la consiguiente desaparición de la Sociedad.

Mariano Ramírez, elevó una solicitud de autorización para la apertura de un socavón de desagüe, en cumplimiento a las regulaciones del Código de Minería Santa Cruz. Al respecto, juzgamos necesario acotar que pervivía el espíritu de la legislación minera del coloniaje, siempre atento a precautelar los intereses de la corona, penando cualquier labor minera, que pusiese en riesgo dichos intereses, salvo dictamen parcial favorable, previa solicitud expresa.
Son desconocidas las consideraciones de una probable y primera solicitud, al parecer obstaculizada por ajenos propósitos, de ahí que reiteraron al gobernador, se concediese la licencia para continuación en la apertura del socavón San León, coincidiendo con la fecha, en cuyo calendario se indicaba al papa San León, el año 1841 y 1842, bajo los siguientes términos.
"Mariano Ramírez, azoguero y a nombre de mis socios, José Ignacio del Río y Tadea del Carmen, ante UD. me presento y digo: que hace nueve meses que, en una de las minas que trabajamos en el mineral de Pulacayo, llamado El Tajo, ha resultado agua en sus planes y, en toda su extensión de 150 varas de este a oeste está en metal constante: hemos tenido por conveniente el día 28 de Junio del presente, con el nombre de San León, emprender un socavón en la parte más cómoda, que sólo en campaña 23 varas en virgen en la larga corrida de 817 varas al norte, que debe tener el tiro del socavón hasta cortar la veta indicada, con la esperanza de cortar ante seis vetas más que contiene el cerro de Pulacayo, no emitiendo el gran costo que demanda esta obra a fin de proporcionar metales para el sostén de las cinco máquinas de moliendas, que tiene el establecimiento de Guanchaca, y como de esta obra, y otros de su naturaleza resulta beneficio público y del estado, servirá en su integridad para conceder la licencia correspondiente, protestando hacer esta obra con arreglo a ordenanza. Y por lo que, pido y suplico así lo provea, y mande. Juro por parte, y la de mis compañeros no proceder de malicia..."
En merito a lo anterior, Máximo Zilveti ordena conceder la licencia respectiva "para continuar con el socavón que tienen emprendido en el Cerro de Pulacayo del cantón de Tolapampa, con dirección al desagüe de la Mina del Tajo", previniéndose a los empresarios que "en el caso de hacer algunos cortes de vetas en la corrida cumplan y guarden lo prevenido por las ordenanzas de la materia", registrado por Mariano Nicolás Valda, Escribano público, consignado en Puna el 31 de diciembre de 1842, a fojas 13 y 14 del libro respectivo. La información señala que la licencia fue recogida el día 28 de enero del año 1843, por el propio Mariano Ramírez presumiéndose que canceló por derechos fiscales la suma de 13 pesos de a ocho reales.

De lo anterior se deduce, con suficiente evidencia:

1. La apertura fue iniciada el día martes 28 de Junio de 1842, para hacer frente a la dramática situación de la Sociedad Mineralógica Guanchaca. Se bautizó la bocamina como San León, un papa vinculado con el cisma eclesial.

2. La ambigua referencia de localizar el socavón en "el lugar más cómodo" delata que el lugar carecía de una denominación específica y hasta quizás se encontraba despoblado. En honor, la elección fue, técnicamente, inmejorable para el propósito, al decidir ubicar dicha bocamina, al pie del Cerro Paisano. De otra manera no justifica su expansión poblacional hasta estos días.

3. La longitud prevista de 817 varas (747 metros) aún cuando no fuese correcta, obliga aceptar que el socavón debía ubicarse a esta distancia horizontal, pero al sur de la veta "Tajo', así como suficientemente por debajo de sus planes inundados, manteniendo la esperanza de cortar otras vetas, un propósito muy buscado por los socios de la compañía.

4. Un análisis imparcial de las condiciones topográficas circundantes a Pulacayo ("el lugar más cómodo"), denota ser poco apto para la construcción de viviendas en la época, además de ser abrupto y limitado por una ancha y relativamente profunda quebrada, actualmente rellenada por los minerales del desmonte, levantándose sobre ella la plaza "José Zegada". Precisamente por esas condiciones, no tenía denominativo propio, estaba completamente despoblada, al extremo de ser inadecuada para agricultura, por la excesiva contaminación y el daño ecológico experimentado.
Finalmente señalamos que una vez obtenida la licencia de explotación, tuvieron que pasar diez años (de acuerdo con Modesto Omisete), a partir de ese 28 de junio de 1842, que implicaba la ejecución previa del devaste faldeo de un cerro y habilitar la canchamina delante del socavón.
La apertura del socavón se constituyó en la única obra de magnitud emprendida por la sociedad minera, que procedió a imponer una lápida recordatoria, a guisa de piedra fundamental labrada en piedra arenisca, colocado en el dintel de la bocamina segunda.

■ UYUNI Y UYUNI VIEJO

Situada a 22 km de la actual población de Pulacayo, en dirección sur. El plano elaborado por la Compañía Huanchaca de Uyuni señala con precisión el primer poblado con el nombre de Uyuni Viejo. Durante la época colonial debió ser un humilde tambo, utilizado en el transporte de plata y otros minerales desde Porco, entre otros. A fines del siglo XIX, al prolongarse la línea férrea y alcanzar el kilómetro 610, comenzarán a edificarse algunas viviendas alrededor de la estación, circunstancia aprovechada por los pobladores para solicitar al presidente Aniceto Arce la fundación de una ciudad con el nombre de ciudad Arce, denegado por el mandatario. Se eligió el nombre de Uyuni, rebautizando al antiguo tambo con el adjetivo Viejo, eliminándose la ambigüedad, pero manteniendo la memoria histórica acumulada.

■ ATOCHA Y LA VIEJA ATOCHA

En la quebrada de Quechisla se erigió un establecimiento metalúrgico durante el coloniaje español, el mismo que estaba puesto bajo el amparo de "San Baltasar" o de "Nuestra Señora de Atocha", vinculado con algunas actividades de Mariano Ramírez durante el semestre segundo del año 1833.
Al llegar la ferrovía prolongada desde la Argentina, la COMAPGNIE ARAMAYO DES MINES, probablemente cuidando sus interese demando erigir una estación para el transporte de sus productos minerales provenientes de las minas próximas.
Por razones que desconocemos, la estación y el pueblo que se formó a su alrededor fue bautizado con el nombre de Atocha. Para salvar el nuevo homónimo se denominó al colonial establecimiento como "Atocha la Vieja".

■ MAUK'A PULACAYO (ANTIGUO PULACAYO) Y PULACAYO ACTUAL

Conforme se ha descrito anteriormente las operaciones mineras de la Sociedad Mineralógica Guanchaca, se centraron en la explotación de las minas circunscritas al cerro Pulacayo, desde donde se transportaban los minerales hasta Huanchaca, siguiendo la ruta más cercana entre la mina y el establecimiento industrial, dejando a sus espaldas todo el sector sur.
Al ocurrir la inundación de los planes de la promisoria "Veta Tajo", en sus ciento cincuenta varas de longitud con "metal constante", se impuso la necesidad de desaguarla y de hecho ventilarla, siendo ésta la única y fundamental razón para la apertura de un nuevo socavón desde el "lugar mas cómodo".
El esperado éxito alcanzado con el socavón, lentamente fue centralizando las diversas actividades mineras en desmedro de las que fueron practicando en el propio cerro de Pulacayo. Como consecuencia, se fue conformando una nueva población, cuyo crecimiento corrió parejo con la magnitud de la explotación. Se denominó al nuevo campamento como PULACAYO.
La definición del toponímico Pulacayo para el nuevo campamento una vez más presentó la disyuntiva de diferenciar el posible campamento erigido por Maturana, señalándolo como Mauk'a Pulacayo y el reciente formado alrededor de la bocamina del Socavón San León, como Pulacayo. Apertura de los trabajos mineros: Martes 28 de Junio del año 1842.
Queda por esclarecer, en la historia de Pulacayo, la fecha más próxima de constitución del campamento, aunque se maneja ya la fecha del 17 de diciembre de 1833, basado en la de que la fundación de la Sociedad mineralógica Guanchaca tuvo lugar, a poco más de cuatro meses que su principal gestor Mariano Ramírez, descubriese y rehabilitase el cegado "barreno" de estaño (Pata Ock'o), contando como grupo habitacional el derruido campamento erigido por Maturana, probablemente abandonado entre los años 1780-1782. Entre 1834 y 1842, abundantes filtraciones de agua, y emanaciones de gases letales, imposibilitaron el laboreo minero, esencialmente en la rica Veta Tajo. La apertura del largo Socavón San León, solucionó el serio problema.
El éxito que se logró alcanzar con el citado socavón, reactivó la explotación minera, impulsando la formación de un nuevo campamento a su alrededor, simultáneamente con el progreso de la excavación, bautizada con el nombre de Pulacayo, una especie de extrapolación del nombre de los cerros, a cuyos pies se originó.
Con el correr de los años, se fue acrecentando la importancia del socavón, tanto que las operaciones mineras fueron centralizadas en él. Paralelamente el campamento de Pulacayo se expandió notablemente hasta 1890, en el que el socavón atravesó el cerro de Pulacayo, dando origen al famoso túnel SAN LÉON, de más de 3600 metros de longitud, capaz de permitir el transito de pequeñas locomotoras a vapor.
La singular circunstancia fue caracterizada con una lápida recordatoria, motivo de franco orgullo para la Sociedad y sus socios, que adquirió la connotación de piedra fundamental para el campamento originado a su alrededor, "insignificante al principio".
En conclusión, podemos afirmar que al fundarse la SOCIEDAD MINERALÓGICA GUANCHACA, las consiguientes operaciones mineras se circunscribieron a las minas ubicadas en el cerro Pulacayo, vinculándose con el ingenio de "San José de Guanchaca", sin ninguna relación con el "lugar más cómodo", ubicado a espaldas de la ruta utilizada, más corta y directa.

■ DESARROLLO DE LOS CAMPAMENTOS MINEROS

El auge minero provocó un movimiento migratorio de grandes proporciones. Hacia 1925 existían 112 compañías mineras, con más de 2000 empleados y cerca de 30'000 obreros. La producción minera dinamizó la producción agrícola, haciendo que muchas regiones se convirtieran en satélite de los centros mineros. Los latifundios de Cochabamba (granos, frutas, harina, legumbres y hortalizas), La Paz (tocuyo y otros tejidos, cerveza y cigarrillos, este último proveniente también de Chuquisaca), Potosí (leña), Uyuni (sal), Oruro (quinua, velas de cebo y parafina), y Tarija (carnes y charque), no tuvieron mercado más grande y constante que las minas, centro de consumo, circulación monetaria y comercial por excelencia.
En las primeras décadas del siglo XX, los caseríos de las minas se convirtieron en pueblos importantes, aunque carentes de de los servicios mas elementales. Los centros mineros, organizados por las compañías dividieron los campamentos en sectores muy marcados: viviendas insalubres y precarias para obreros; zonas residenciales para empleados; zonas exclusivas para empleados extranjeros; y oficinas. Las zonas exclusivas estaban rodeadas de alambrada y no se permitía el tránsito de obreros o gente ajena a la empresa.
Paulatinamente las poblaciones civiles fueron accediendo a los servicios eléctricos y de agua potable. Pronto creció un importante mercado local de bienes y servicios, inexistentes en los centros mineros, donde las empresas regulaban el comercio por medio de las pulperías. Las casas de fiesta y las chicherías crecieron rápidamente en los pueblos jóvenes. Su fama de centros de expendio de bebidas alcohólicas era proverbial.
Las condiciones de vida en la mina de Pulacayo, hacia 1906, eran lamentables para los trabajadores y sus familias. Los salarios apenas cubrían las más elementales necesidades de subsistencia. Un maquipura y el baretero ganaban un peso diario por una jornada de 18 horas; el apiri (arriero) recibía entre veinte y cuarenta centavos y las palliris (mujeres recogedoras que seleccionan el mineral) no más de veinte (en 1906 un peso boliviano valía tanto como seis dólares actuales)
La situación no experimentó mejoras significativas hasta la mitad del siglo. El informe Bohan de 1942 caracterizaba la política de los grandes mineros indicando que la "industria minera boliviana está basada en salarios bajos antes que maquinarias y mecanización".
En 1950, cuando ya la situación se tomaba insostenible, regían bajos salarios en las propiedades de los mineros. El 14% de los obreros percibía salarios de 80 a 100 bolivianos, el 23% entre 120 y 140 bolivianos. De más, se informó que existían salarios hasta de 20 bolivianos (en 1950 cien pesos bolivianos valían tanto como medio dólar actual).
En 1943, la misión Magruder, quedó impactada por la carencia de servicios higiénicos para los trabajadores. Prácticamente se carecía de seguridad industrial. La existencia de guardatojos en todos los lugares visitados, era del 20% del total de laboreros de interior mina. A esto se sumaban las condiciones deficientes de ventilación, la inexistencia total de ropa adecuada de trabajo. Estableció la existencia de altos niveles de contaminación, y una galopante enfermedad profesional (silicosis y tuberculosis) provocada por la respiración de polvos provenientes del ingenio. De 4170 obreros observados, sólo 83 estaban indemnes al mal incurable. El llamado "mal de mina" agotaba al minero en tres o cuatro años.
El informe Bloomfield de 1947estableció que "no obstante mejoras introducidas en los campamentos, muchas de las viviendas para trabajadores en ciertos casos, aún en las grandes minas, consisten en miserables, oscuras e insalubres chozas de un solo cuarto, inapropiable par el uso humano".
En lo que se refiere a Pulacayo, el citado informe señala que respectivamente de tres a cuatro casas en Pulacayo consisten en una sola habitación. El informe concluía que los mineros vivían en pocilgas. Ricardo Anay subrayó, en "pocilgas para mineros, porque los cobertizos para cerdos de Pairumani son mejores que las viviendas de millares de jornaleros de estas minas".
Pasada la nacionalización de las minas, una nueva misión visitó las minas del país. Ciertamente había interés en los Estados Unidos para mejorar las condiciones de trabajo y vivienda, por cuanto estaban concierte de que eran los focos que provocaban tensión social, traducido en medidas de acción de los mineros organizados en la poderosa Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia. La Misión Ford, Bacon and Davis, en diciembre de 1956, estableció que pasaron a poder del estado las siguientes propiedades: 24 minas en trabajo, una preparada pero sin labores (Matilde), otra arrendada a una compañía extranjera (Corocoro), 20 minas en operaciones, alquiladas a terceros, numerosas construcciones – ingenios, fundos rústicos, campamentos mineros y un ferrocarril (Machacamarca-Uncía).
El 20 de junio de 1963 Pulacayo empieza a fabricar carros metaleros, repuestos maquinaria para minas e ingenios, siendo sus principales líneas de producción carros metaleros (de distintas capacidades), bombas centrífugas, polines para correas transportadoras, bolas para molinos, cilindros, pernos, muelas para chancadoras, destinadas a proveer partes a las maquinarias de las empresas mineras de todo el país. La planta contaba con 246 trabajadores de mano de obra calificada, entre 1977 y 1978. La planta tenía cuatro secciones: Fundición, Maestranza, Fábrica de clavos y fábrica de pernos. Actualmente las dos últimas se encuentran paralizadas por la falta de mercado para su producto y la competencia industrial. La Nueva Política Económica ha incidido en la Planta, trabajando al 50% de su capacidad instalada.
En la actualidad sólo quedan en Pulacayo 150 trabajadores en la Planta Industrial "Pulacayo", la población restante está conformada por estudiantes de todas las edades, ciudadanos de la tercera edad, rentistas, jubilados, comerciantes e indigentes. De acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística, la población de este campamento minero es de 1614 habitantes. El abandono paulatino, iniciado por los acontecimientos de 1959, se ha incrementado en los últimos años, dándole a Pulacayo una imagen sombría de pueblo fantasma.
Del legendario Pulacayo sólo quedan casas abandonadas, mudos testigos del pasado floreciente. Barrios íntegros de este centro minero, como el populoso"25 de Mayo" en la Zona "A", con casas construidas en tapial, adobe y techo de paja; el barrio "Miraflores", con construcciones de calamina; de igual manera el sector de "Españoles", que muestran viviendas colectivas en desordenada urbanización, con techos y paredes deteriorados, sin puertas ni ventanas, así como el sector de "Texas", "Alcones'", "5 de febrero", "Unión Católica" (antes "La Española'), "K'arku Pila", "31 de Octubre", y otros que atesoran la larga historia de auge y ocaso, legados para asombro de propios y extraños.
Los años negros del despoblamiento fueron provocados por el anegamiento intencional de la mina en 1959. A pesar de ello, logró estabilizarse precariamente, hasta 1985 (crisis en la cotización del estaño), en que recibió un golpe mortal, como muchos otros distritos, con la implantación de la Nueva Política Económica y la relocalización de más de 23'000 obreros de las minas nacionalizadas.

última actualización 2013-09-29