CAPÍTULO FAUNA - Strigidae - Bubo virginianus magellanicus PÁGINA

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Bubo virginianus magellanicus
Búho magallánico
Tucúquere (Chile), Ñacurutú (Argentina, Bolivia)

Bolivia, Sud Chichas, Quebrada Churquipampa   -21.46984°, -65.69506°, 3063m     →Mapa

Nombre científico:   Bubo virginianus magellanicus   Lesson 1828

Filo:

Clase:

Orden:

Familia:

Género:

Especie:

Subespecie:

Chordata

Aves

Strigiformes

Strigidae

Bubo

B. virginianus

B. v. magellanicus

El búho magallánico es un cazador nocturno y vive en zonas montañosas y boscosas hasta el litoral del Pacífico, desde Tierra del Fuego por Chile, Argentina y el oeste de Bolivia hasta el centro de Perú. En los Andes llega a alturas de 4’000 metros.

Se caracteriza principalmente por las plumas que tiene en la cabeza, las que asemejan orejas o cuernos.

Mide unos 50 centímetros de longitud, tiene envergadura de un metro y pesa entre 700 gramos y un kilogramo, siendo la hembra mayor del macho. Aparte del tamaño, los sexos son muy semejantes.

El búho magallánico vive solo o en pareja. Durante la época de apareamiento puede reunirse en grupos.

Para nutrirse captura aves mientras que duermen y caza roedores como conejos, vizcachas y ratones, además de serpientes, lagartijas y sapos, de grandes insectos y también sabe pescar. Los campesinos lo temen como ladrón de gallinas y cuando le da la gana hasta se come el gato de la finca. No obstante el búho magallánico es útil en la agricultura para contribuir a estabilizar la populación de roedores e insectos. Tiene comportamiento muy territorial y ataca sin demora a enemigos e intrusos. Necesita de campos abiertos para cazar y en cambio de refugios en árboles, arbustos y acantilados para descansar durante la luz del día. Cazando aprovecha sus extraordinarios sentidos de oído y de la vista, que también es excelente en la luz del día.

Sus grandes ojos están dirigidos hacia adelante y son rodeados por un disco facial de plumas rígidas que dan la impresión que tienen cejas. Son incorporados en una cápsula ósea que le da una limitada capacidad de movimiento. Así tiene que girar toda la cabeza para mirar a los lados, aunque el movimiento se ve facilitado por un cuello con 14 vértebras, lo que le permite girar la cabeza hasta 270 grados. Por la posición de sus ojos igual que nosotros los humanos, el búho puede ver los objetos en tres dimensiones y puede calcular distancias. Volando, sus alas se ven largas, anchas y redondeadas. Se desplaza en un vuelo silencioso, pues evita hacer ruido al volar, puesto que tiene adaptaciones especiales en las principales plumas de sus alas, donde sus filamentos son independientes y carecen de barbas alternas, de modo que están flojamente unidos. Suele cantar durante la noche. Emite un sonoro silbido chirriante cuando disputa su territorio o su pareja. En cambio, posado sobre un árbol emite su característico ululato de voz profunda.

Para anidar ocupa viejos nidos abandonados de aguiluchos y halcones en los paredones rocosos de quebradas y cerros, colocando una plataforma plana sobre la taza del nido viejo, o anida en el suelo no más, donde pone dos o tres huevos blancos casi redondos de unos 5x4 centímetros. Ambos sexos empollan durante 35 días. Los polluelos empiezan a volar a seis hasta ocho semanas de eclosionar y llegan a su madurez sexual con dos años de vida. Cerca del nido el búho magallánico puede tornarse muy agresivo y hasta peligroso.

El búho tiene una expectativa de vida de 15 a 18 años. En cautiverio puede llegar a vivir hasta 30 años.

El búho magallánico es considerado ser una subespecie del más grande búho cornudo (Bubo virginianus) que además tiene “orejas” más grandes y se distingue por su canto. Hubo una larga polémica durante los últimos años para clasificarlo de especie propia. Sin embargo dice la última sentencia del SACC (South American Classification Committee, American Ornithologists' Union), actualizada el 26 de julio de 2012, parágrafo B326: “La propuesta de elevar Bubo virginianus magellanicus (Strigidae) al nivel de especie (Robbins) se rechazó.”

Su especie no está amenazada y es considerada de preocupación menor (IUCN). Sin embargo por el convenio de Washington (CITES, The Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora) las especies del búho son protegidas a nivel internacional (hacia comercialización y mascotismo)   →CITES

Aquí en Tupiza el búho magallánico suele pasar su día posado en las ramas de los enormes molles (Schinus molle, el árbol del pimiento), que crecen en las quebradas y si no es que uno lo busque, nunca lo vería, debido a su plumaje que lo camufla. Cuando pero uno se siente en el foco de esos  enormes ojones y repara en el grande ave sabio haciendo sus muecas allá arriba, casi cuenta con que de esos ojos de repente se desprendan relámpagos para electrocutar y exterminar al molesto intruso.

Igual que en varias culturas por todo el planeta, también en los Andes el búho tuvo su culto, como lo atestiguan antiguas artes rupestres. Su disposición en los complejos petroglifos que encontré, me da la sensación de que podía tener el papel de “alter ego”, del alma gemela que cada humano tiene en el reino de los animales, según creencia divulgada en las antiguas culturas Andinas. Hace pocos meses encontré ofrendas recién colocadas en un antiguo santuario místico perdido en la precordillera atacameña, incluyendo chicas figuritas de búhos.

Vea una referencia en este sitio web: →Arte rupestre






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última actualización 2013-09-29