CAPÍTULO TUPIZA - La Dinastía de los Aramayo PÁGINA


LA DINASTÍA DE LOS ARAMAYO, LOS “REYES DE LA PLATA”


José Avelino Aramayo   1809 - 1882


Para muchos políticos e historiadores los miembros de este clan constituyeron el grupo de los “reyes de la plata”, y más tarde figuraron como los “barones de la gran minería”.
 

→ 1ª Generación:      José Avelino Aramayo Ovalle 1809 - 1882

→ 2ª Generación:      Félix Avelino Aramayo Vega 1846 - 1929

→ 3ª Generación:      Carlos Víctor Aramayo Zeballos 1889 - 1981

→ Vea también la información en página "Tupiza 1"

 

PREFACIO:

Consta en las crónicas de la familia, que Francisco Ortiz de Aramayo, contrajo nupcias con Juana de Dios de Porras y Matorras, en la segunda mitad del siglo XVIII.

En los primeros años del siglo XIX habitaba en Moraya un matrimonio integrado por Isidoro Ortiz Aramayo, hijo de Francisco Ortiz de Aramayo, y de María Ovalle. El 25 de septiembre de 1809 María dio a luz en Moraya a un hijo varón, bautizado el 1 de octubre con el nombre de José Avelino. Sus padrinos fueron Bruno Ortiz de Aramayo y Manuela de Aramayo, vecinos del lugar. José Avelino, quedó huérfano de madre en 1815.

En Tupiza, en la Plaza Independencia, existe una estatua en su honor que fue inaugurada en 1909, por su hijo Félix Avelino Aramayo Vega.

 

1ª GENERACIÓN – JOSÉ AVELINO (ORTIZ DE) ARAMAYO OVALLE   1809 - 1882

José Avelino Aramayo nació en Moraya (Potosí), en 1809 y murió en París (Francia), en 1882. Conoció a la argentina Coloma Vega, hija del general Nicolás Vega. Ella tenía 19 años y él 36, cuando contrajeron nupcias en París, el 27 de septiembre de 1845. Testigos de su boda fueron José María Linares e Isidoro Echegaray. La pareja tuvo cinco hijos: Félix Avelino, Carlos, Emilia, Luis y Elvira.1

José Avelino, pertenece al primer anillo de la cadena de tres generaciones de industriales mineros y figura prominente de la minería argentífera, en el siglo XIX. De familia modesta, empezó de ayudante de arrieros que comercializaban desde Tucumán (Argentina), hasta Cuzco (Perú); luego, fue empleado del minero y comerciante tupiceño Manuel de Jáuregui, con quien adquirió mucha experiencia.2

Nunca estuvo de acuerdo con las políticas de Estado, relativas a la comercialización de las pastas de plata. Convencido de las ilimitadas posibilidades que ofrecía el país y las ciencias, trazó un diagnóstico muy crítico de la sociedad boliviana; emprendiendo, desde 1850, una campaña para que el país alcanzara el nivel de los europeos o de la Argentina o Chile, y la base tenía que ser la actividad minero-metalúrgica, que abarcaba simultáneamente: los ferrocarriles (que fueron proyectados por él en 1863, 1866 y 1870) para salvar el Litoral, la agropecuaria, los intereses territoriales y la democratización de la vida política.

Como viajero que fue, recorrió a lomo de caballo o mula, la provincia Litoral; y llegó al convencimiento de que los yacimientos de Lípez, Portugalete, Chocaya, Ubina, Huanchaca, Porco, Potosí, Aullagas, Antequera, Poopó, Oruro, Carangas y Salinas, constituían el futuro y podrían alimentar la formación de numerosas empresas mineras. Él sabía dónde se encontraban los yacimientos de oro, ya que este metal era producido en pequeñas cantidades por sus pobladores, en: Tipuani, el río de los Cajones y Chuquiaguillo (todos en La Paz); Choquecamata, Chayanta y Chichas (todos en Potosí); Mojos y Chiquitos (en el oriente).

Había trabajado un tiempo en la mina Gallofa. Tenía conocimiento de la mina de Colquechaca y por eso las otras minas no tenían secretos para él; ya que conocía de su mineralogía, la potencia de sus vetas, la profundidad de sus tajos y el volumen de sus reservas. Partía de la premisa que las minas habían sido trabajadas sólo superficialmente y que estaban intactas a profundidad. Identificó, de la misma manera, las minas de cobre; y afirmaba que esas vetas eran abundantes y ricas, y estaban situadas en: el Desaguadero, Corocoro, Sicasica, Paria, Oruro, Negro Pabellón, Poopó, Condo, la cordillera de los Frailes, Lípez y Chocaya (sus vetas en Chichas y San Bartolo, en la provincia de Atacama, eran poderosas). Y la misma opinión tenía de las menas estañíferas, y aseguraba que el estaño se encontraba en todas las formaciones y con buena ley, que debería hacer su explotación y beneficio muy sencilla y poco costoso; mencionaba como gran yacimiento al hermoso cerro de Huanuni3, que apenas había sido trabajado por los antiguos, en sus afloramientos y nada a profundidad.

 

1. Félix Avelino, estuvo casado con la peruana Elena Zeballos; Carlos, contrajo nupcias con Adelaida Alcalde, y radicaron en el Litoral; Emilia, casada con su primo Domingo Vera; Emilia, murió en París, afectada una larga dolencia; Luis, falleció a temprana edad de pulmonía, que contrajo cuando trabajaba en una mina de Potosí; y Elvira, que se unió en matrimonio con el médico francés, Alberto Charpentier.

2. Viajó a Europa en 1835 (que repitió en 1837, 1845, 1863 y 1871 y observó en el viejo mundo, la evolución de la revolución industrial) y regresó a Bolivia, con un pequeño capital; lo que le permitió convertirse en importador de mercancías y exportador de oro.

3. Por 1827, se descubrió una veta muy prometedora.

 

En 1849, nació la empresa mercantil 'Aramayo Hermanos', que se ocupaba de rescatar minerales. Tenían oficinas en La Paz y Potosí. Pronto la firma se hizo de nombre, en el ámbito comercial y financiero en el sur del país. Entre otros rubros se dedicó a la exportación de cascarilla o quinina (buena contra el paludismo), que obtenían en la provincia Caupolicán (La Paz) y del Chapare (Cochabamba); para eso fundaron un Banco de Quinas, que tenía el monopolio para exportar anualmente 322 toneladas de corteza.4

Luego del exilio, en Chile (1848-1853)5, fundó la 'Sociedad Antequera', basándose en la pertenencia minera de Caracollo y el ingenio de Sevaruyo (Oruro). Tanto en la mina como en la planta de procesamiento, se constituyeron en su época como pioneras en la mecanización y transferencia tecnológica europea; y en el campo social, patrocinó la creación de la Caja de Ahorros, para los obreros. En 1855, organizó la 'Compañía del Real Socavón' de la que fueron accionistas los ex-presidentes: Tomás Frías, Narciso Campero y Aniceto Arce; y a la que trasladó parte de los expertos europeos que trabajaban en Carguaicollo, Oploca, Portugalete y Huanchaca, para acabar arraigado en San Joaquín, junto al Chorolque (Potosí).

Veamos en detalle esos negocios mineros. En las cercanías de su casa de San Joaquín, había levantado un ingenio, para procesar parte de los minerales producidos en sus minas. Manejó esta instalación estrictamente y dio trabajo a decenas de trabajadores. Personalmente daba instrucciones en su planta. Como tenía nociones de medicina curaba a los heridos leves y las afecciones de sus mineros, sus mujeres e hijos; amén de costearles los medicamentos. Por primera vez en Bolivia, 'Aramayo Hermanos', implantó un sistema de caja de ahorros a favor de sus trabajadores; medida que después sería imitada por otras empresas y daría origen al sistema de seguro social implantado por Bautista Saavedra, recién en 1924.

En 1850, adquirió la mina Carguaicollo, de propiedad del ladino cateador Juan Bautista Palmero. Éste, dos años antes había descubierto dos vetas de plata (de 3 kg/t de ley): la Ancona y la Tacana. En la mina aplicó lo que había visto en Francia, introduciendo por primera vez, en Bolivia, el sistema de “maderocarriles” en interior mina. Eran una especie de volquetas que servían para transportar los minerales, y se deslizaban sobre rieles de madera, recubiertas de planchas de hierro; en esta forma, las menas o el mineral de caja podían ser sacados a la bocamina, más cómodamente que empleando las carretillas a mano.

Una obra de mayor envergadura se efectuó en el ingenio de Sevaruyo, donde José Avelino instaló nuevas máquinas para la molienda. A buen costo adquirió y quiso introducir el método de barriles o toneles, para amalgamar; desarrollado en Freiberg (Sajonia). Construyó hornos utilizando un sistema patentado en Europa, denominado Freiberg, y más tarde los reemplazó por hornos de doble bóveda. Dado que esa tecnología era desconocida en el país, tuvo que contratar, a su costa, a expertos (ingenieros, metalurgistas, químicos, maquinistas, operarios y artesanos) para modernizar sus empresas. Así, en 1856, trajo al mensurista y topógrafo alemán Hugo Reck6, con el fin de diseñar el mapa del Altiplano boliviano. Carlos y Ernesto Francke (alemanes), metalurgistas, se ocuparon de difundir las nuevas técnicas de amalgamación-fundición, ignoradas en Bolivia; y que rápidamente fueron adoptadas por numerosas empresas. Juntos fundaron la sociedad 'Aramayo, Francke & Co. Ltd.'7. Otro experto que llegó fue Guillermo Bruckner, inventor del horno que lleva su nombre; y que se hizo famoso más tarde en México y Estados Unidos. Trabajaron para él: el ingeniero de minas, Enrique Stollwerk; el contador financista, Pedro Peruski; el ensayista-metalurgista, Enrique Rosenbluth; el pedagogo, Francisco d’Avis8 y el carpintero, H. Mack. Carguaicollo se constituyó en la mina pionera de la mecanización en el país; y Sevaruyo, el lugar de muchas innovaciones tecnológicas. La empresa, al cabo de tres años, rendía 300’000 pesos, al año.

 

4. Esta incursión no le trajo satisfacciones, ya que se produjo una sobre oferta que no pudo ser comercializada; ocasionando la tala innecesaria de bosques de esta planta medicinal.

5. J.A. Aramayo Ovalle, no tuvo predilección por la política y fue acérrimo antimilitarista. No logró admirar a A. de Santa Cruz ni a J. Ballivián. Tuvo problemas con I. Belzu, que lo exilió a Chile, a su turno, M. Melgarejo, que lo desterró a la Argentina. Apoyó a los presidentes civiles: J.M. Linares, T. Frías y A. Ballivián.

6. En 1863, Aramayo publicó un trabajo sobre una nueva vía de comunicación. En este proyecto trabajó Hugo Reck y otros profesionales extranjeros; consistía en hacer navegable el río Desaguadero, que comunicaba el lago Titicaca con Pampa Aullagas (Poopó). Esto era posible, efectuando obras de ingeniería en una distancia de 590 kilómetros. Recomendaban los técnicos que desde Pampa Aullagas se construya un canal, y no un ferrocarril. La idea era transportar minerales de cobre, estaño y plata, y podría también ser utilizado para los minerales provenientes de Lípez, Chichas, Porco, Chayanta, Paria, Oruro, Sicasica y Carangas (de todo el Altiplano). Quedaba pendiente el trazo del ferrocarril a través de la cordillera y luego por el Litoral. Los planos fueron delineados más tarde.

7. La compañía fue registrada en Londres, en 1906, bajo esa denominación. Los Francke y otros alemanes, poseían una sexta parte de las acciones.

8. José Avelino Aramayo, vivía consagrado a su esposa y sus cuatro hijos, a quienes brindó esmerada educación. Su casa solariega de San Joaquín, en el valle de Tupiza, fue el aula donde, entre otros, el maestro irlandés d’Avis enseñaba a los cuatro hijos y otros amiguitos; entre ellos un tarijeño, Aniceto Arce. Desde Europa, hizo traer un piano y contrató maestros de música, italianos. En la huerta de su casa, de San Joaquín, dispuso plantar: perales, ciruelos, guindas, almendros, durazneros y manzanos.

 

Y no conforme con ello, buscó socios y contrajo fuertes deudas. En el siglo XIX, lo imposible se llamaba el Cerro Rico de Potosí, mina marginal que tenía plata de baja ley, mucha pirita y estaño de escasa aplicación. En 1858, organizó la 'Compañía del Real Socavón', de Potosí, con el propósito de explotar sus parajes. Primero, un día visitó el Cerro con Martín Jáuregui; y más tarde, mandó edificar el ingenio Quintanilla, al que dotó de tecnología que hasta entonces no se conocía en Bolivia, y llevó a sus expertos extranjeros contratados para Carguaicollo. Para cubrir los gastos emitió acciones en el mercado local y se asoció con personalidades, como: Tomás Frías y Narciso Campero, y otros inversores menores; con los que a la larga terminaría pleiteándose. Vano fue su esfuerzo: la plata del Cerro estaba agotada; no obstante, estaban los desmontes de estaño aguardando ser retratados, porque su precio todavía no justificaba su recuperación.

Ya hemos manifestado que la idea de construir un socavón casi en la misma base del Cerro Rico, era un proyecto colonial de la época de Jorge de Escobedo y Alarcón (por 1778). Esos trabajos posteriormente fueron abandonados. Al ser retomados por José Avelino, en 1876, éste fue el primer industrial minero en utilizar máquinas perforadoras en el Real Socavón de Potosí, y donde tuvo cierto auge en la explotación argentífera. En 1886, fueron adquiridas esas pertenencias por la 'Compañía Inglesa del Real Socavón'.

Otra sociedad que operó casi simultáneamente a la anterior, fue la que organizó con los industriales mineros Gregorio Pacheco y Calixto Yánez, para explotar los famosos yacimientos de Antequera y Oploca; o sea, las minas de Portugalete. Para completar esta situación y arriesgando todo, se lanzó a la adquisición de Huanchaca, ubicada en el cerro de Pulacayo, muy cerca de Uyuni; y que la encontró abandonada por la presencia de agua hirviente que brotaba a borbotones.
Huanchaca, le dio modestas utilidades y con el paso del tiempo, los elevados costos de producción le originaron serias pérdidas que le obligarían a deshacerse de la mina. Una verdadera lástima, ya que en 1894, Huanchaca, pagó dividendos superiores a 400’000 libras esterlinas; una cifra superior al presupuesto nacional de ese año. No todo le salió bien y tuvo que deshacerse del Real Socavón de Potosí, de Huanchaca y otras minas más. Acosado por los pleitos entablados por los acreedores, sus adeudos sumaban cerca de medio millón de pesos. La firma 'Aramayo Hermanos', debió declararse en quiebra; a pesar que el valor de sus inversiones superaba el millón y medio de pesos.
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De las líneas precedentes podemos imaginarnos la personalidad de este inquieto industrial minero: emprendedor, innovador, temerario, visionario, soñador, poco pragmático, etc., de ascendencia muy humilde y que nunca logró gran fortuna. Como hombre de temple luchó hasta el último de sus días. No alcanzó personalmente la satisfacción de conocer el triunfo; y cuando murió, dejó más deudas que fortuna, a sus hijos.

 

9. Estas inversiones se descomponían así: Carguaicollo, 20½ acciones; Real Socavón, 50; Antequera, 36; Sociedad de Huanchaca, 3; Sociedad Oploca, un crédito activo de 68’650 pesos. A esto se agregaban cuatro estancias agrícolas: Naayu, Tunalito, Hipaguasa y Pirití; con más de mil cabezas de ganado. Y por último, una casa en la ciudad de La Paz.

 

2ª GENERACIÓN – FÉLIX AVELINO ARAMAYO VEGA   1846 - 1929

Nació en París (Francia), en 1846 y falleció en Biarritz (Francia), en 1929. Fue padre de Carlos Víctor Aramayo Zeballos10. Uno de los más típicos “capitanes de la empresa”. Pertenece al segundo anillo de la cadena de tres generaciones de industriales mineros. Hijo de José Avelino Aramayo Ovalle y de Coloma Vega, fue traído muy niño a Bolivia y, en 1862, su padre le asignó el cargo de cajero en el campamento San Joaquín (con 16 años y un haber de 25 pesos mensuales); además de ser su compañía, en sus desplazamientos.

Al año siguiente entró a un internado inglés en Tottenham, Middlesex, próximo a Londres, en el que permaneció hasta 1866; aprovechó en ese tiempo, de hacer un aprendizaje en las minas de estaño de Cornwall.

Cuando regresó a Bolivia, el 25 de abril de 1866, obtuvo licencia para prospectar el cerro Grande de Chorolque y los cantones comprendidos entre Cotagaita y Portugalete. Cuando le fueron concedidas tres estacas minas, las bautizó con el nombre de Vega, en homenaje a su madre. Acto seguido, fundó la sociedad 'Félix Avelino Aramayo y Compañía', con sede en San Joaquín, y se asoció con los hermanos Francke, traídos por su padre.

Poco tiempo atrás, un laborero chicheño, Juan Arraya, había descubierto en el cerro Espíritu Santo un importante filón de bismuto, que fue registrado con el nombre de Progreso. Luego, cortaron una segunda veta, a la que bautizó con el nombre de Ferrocarril. En ambas se hallaron trazas de estaño, a las que no le dieron mayor importancia, por el bajo precio de éste. Entonces, se dedicó a explotar con métodos modernos el bismuto y logró, en junio de 1867, colocar las barras fundidas por el alemán Francke, en crisoles, en Tupiza, en los mercados ingleses; y fue la ocasión para que Bolivia se incorpore al mundo industrial. Félix Avelino, estando en Londres, en 1868, estableció una pequeña refinería. Ese año logró se exhiba una placa de bismuto, procedente de sus minas, en la Exposición Universal de París. Despachó a Bolivia 600 cajones de insumos y azogue requeridos para amalgamar plata; además, de toda la maquinaria para montar un ingenio en Quechisla; y asimismo contrató los servicios de dos técnicos ingleses (John Illinworth y John Hunter), que se ocuparon de instalarla.

Su experto laborero, Arraya, descubrió nuevas vetas en Tasna: El Rosario, La Murua, La Lealtad, La Constancia y La Tacana. Más tarde, se añadirán otras: La Milagros, San Agustín y San Ceferino.

En noviembre de 1870, viajó a Cobija (Potosí), a encontrase con sus parientes chilenos. Se asoció y fundó con Nicolás Igualt, la empresa minera 'Igualt y Aramayo', para comenzar a explotar el yacimiento de Caracoles (Potosí), descubierto por ese año, en la provincia de Atacama. Modesto como era el aporte de Aramayo, dos años más tarde liquidó su asociación con sus parientes, percibiendo una utilidad de 115’000 pesos; suma bienvenida para cubrir apremios de los numerosos acreedores de su padre. Su meta era invertir poco, no arriesgar mucho y contentarse con módicos dividendos; pero, seguros. Todo lo contrario a la filosofía de su padre.

 

10. Felix Avelino, nació un 23 de junio de 1846 en París (Francia), en la casa 29 de la calle Choiseul; y fue bautizado el 7 de julio, en la iglesia de Saint-Roch. Invocando una ley de 2 de octubre de 1851, logró la ciudadanía plena boliviana. Murió un 5 de mayo de 1929 en Biarritz (Francia).

Sus últimos años, Félix Avelino Aramayo, los pasó en Francia, rodeado de su familia. El 30 de junio de 1908, perdió a su madre, Coloma Vega, que había sobrevivido 26 años a José Avelino. Este suceso fue el más desgarrador en su vida y logró consuelo en su pesar por mediación de sus hermanas Emilia y Elvira. Sus cuatro hijas estaban casadas: Elena, con Roberto Germán-Robón (un aristócrata colombiano); Emilia, con el conde Alberto de Aguilar; María Luisa, con el marqués Pierre d’Arcangues; y Mabel, con el conde Jean d’Arcangues. Carlos Víctor, el único varón, se casó con María Renée Tuckerman.

Su esposa, Elena Zeballos de Aramayo, falleció el 15 de febrero de 1940; sus restos descansan junto a los de su esposo, en el cementerio de Arcangues (Francia).

 

Aramayo, demostró su interés por invertir en el Litoral y advirtió a los gobernantes de turno (A. Arce, T. Frías y G. Pacheco), sobre el peligro que entrañaba la presencia de capital chileno. En 1880, fue elegido representante por Chichas en la Convención Nacional. El presidente Pando, lo nombró ministro en Londres; y jugó un rol importante en la formación de 'Bolivian Syndicate', un esfuerzo para impedir que el Brasil se apoderara del Acre. Como experto que era en cuestiones monetarias, escribió sobre la manera de fijar la relación entre el “patrón” oro y plata. A favor de sus intereses personales, agrandó la empresa, que comprendía las minas en Ánimas (Chocaya), Chorolque, Tasna y Quechisla; donde se producía estaño-wólfram-bismuto, empleando unos tres mil trabajadores, con salarios superiores a los que pagaban otras empresas.

En 1876, Félix Avelino, construye su mansión de dos pisos, en Chajrahuasi, cerca de Tupiza, rodeada por espaciosos huertos y frondosos árboles. La familia abandonó San Joaquín, para gozar de las comodidades de su nueva casona solariega; la vieja casa familiar, la vendieron para seguir pagando deudas contraídas. Chajrahuasi, resultaría ser el refugio de dos generaciones de Aramayos. Otra venta, por los mismos motivos, que talvez más tarde lo lamentaría, fue vender su parte o sus acciones en la 'Compañía Oploca', a una sociedad constituida por los inversores chuquisaqueños: Gregorio Pacheco y Francisco Argandoña, y el tarijeño, Aniceto Arce. Sus nuevos dueños lograron tiempo después crecidas utilidades.

Félix Avelino, fue el primero en conocer sobre el ataque a Antofagasta, el 14 de febrero de 1879; inclusive antes que el propio presidente de la república, Hilarión Daza, porque pocas semanas antes había inaugurado la línea telegráfica entre Tupiza y Buenos Aires. Entonces, la noticia se conoció vía Argentina.

Según Roncal, la 'Compagnie Aramayo des Mines en Bolivia', con sede en Ginebra (Suiza) y domicilio legal en Tupiza (Potosí); y años más tarde con Gerencia General en La Paz (Bolivia), fue una de las organizaciones más cimentadas, en 1879, fundada con el esfuerzo y tenacidad de Avelino Aramayo. Las principales minas que poseía esta compañía, fueron: Chorolque, Tasna y Porco; con un total de más de 5’000 hectáreas. Chorolque, era conocida por sus ricas menas de plata-estaño-cobre. En las minas de Chocaya, se explotaba en forma exitosa estaño; la veta Colorada, tenía una potencia de tres metros de ancho; en 1930 esta veta todavía tenía leyes de 80 kg/t Ag y 10% Sn, lo que la convertía en un extraordinario yacimiento. Para sus instalaciones de procesamiento contaba con motores a diesel, a gas y a turbina; con una potencia instalada de 1’400 HP11. Sus principales plantas fueron: Santa Elena y Salo, en Chorolque; Buen Retiro, en Tasna; Asllani y Telamayu, en Chocaya; y Agua de Castilla, en Porco. Ibáñez, asevera que, Félix Avelino Aramayo, fue el iniciador de la construcción de los ferrocarriles: Mejillones-Caracoles y de Arica-La Paz.

 

11. Testigos del acceso de Europa y los Estados Unidos a la era tecnológica e industrial, simbolizada por las máquinas de vapor y la electricidad, quisieron incorporar su patria a ese mundo cuyo despertar percibían intuitivamente. Románticos, cada uno a su manera, padre e hijo buscarán, en tanto forjaban su prosperidad personal, labrar una patria arquetipo de progreso en Sudamérica.

 

3ª GENERACIÓN – CARLOS VÍCTOR ARAMAYO ZEBALLOS   1889 - 1981

Nació 1889 y murió 1981 en París (Francia)12. A los ocho años fue matriculado en la escuela preparatoria de Kensington, barrio residencial londinense. Desde 1901, hasta 1908, fue alumno interno del colegio Beaumont, donde recibió formación humanística. A los 19 años de edad se matriculó en Oxford, donde permaneció dos años (hasta 1910, no terminó de graduarse). Su padre lo preparó para regresar a Bolivia, y a él le impresionaron estas palabras: “Cuando hayas concluido tus estudios en Londres tendrás un cargo aquí, en la Compañía”.

En efecto, firmó su primer contrato, con el salario de 30 libras esterlinas por mes.

Industrial minero (ubicado en el tercer anillo de la cadena de tres generaciones de mineros), hijo de Félix Avelino Aramayo Vega, fue gerente en Quechisla, de la compañía británica 'Aramayo, Francke Mines Ltd.'. Entre 1916 y 1922, incursionó en la política13. Controló el capital de, La Razón14, la empresa periodística más moderna y prestigiosa del país, en su época.

Muchos decían que, para Carlos Víctor Aramayo, más importante que sus negocios mineros era la circulación de “La Razón” y celebraba cualquier elogio a su diario. Probablemente, el día más feliz de su vida fue cuando recibió el premio María Moros Cabbott, en 1946. En su discurso de agradecimiento, en Nueva York, recalcó que el éxito era de su personal, que trabajaba en el periódico durante casi tres décadas.

Un día de 1917, conoció a María Renée Tuckerman, en la casa de una amiga de su familia, Elena Dorado de Peró, en Buenos Aires. Su futura esposa era francesa, como él (de padre norteamericano y madre chuquisaqueña), quedó huérfana de madre y al cuidado de su tía Elena. La boda se efectuó en Buenos Aires, el 27 de julio de 1918.15

 

12. Nació el 7 de octubre de 1889, en un apartamento situado en la intersección de las calles Meissonier y Prony, a algunos pasos del parque Monceau, en París. De sus hermanas guardaba recuerdos, especialmente, de Mabel; y pocos, de Nelly. Su esposa falleció en diciembre de 1974 y fue un duro golpe para Carlos Víctor, y con ella desapareció “parte de su propio ser”. Él lamentaba no poder volver a ver sus montañas chicheñas; deciá: “yo he vivido demasiado. Habría querido vivir más tiempo en Bolivia y morir en mi país”.

13. Fue diputado por Sud Chichas (1916), embajador en Londres (1926-1934), Ministro de Hacienda (1934-1935), delegado en la Conferencia de Paz del Chaco (1935); gerente en 1922 y administrador general de la compañía 'Aramayo de Mines', con sede en Ginebra (Suiza). A pesar de ello, la política le permitió ejercer sus actividades en Quechisla.

14. El primer número de “La Razón” empezó a circular un 7 de febrero de 1917, bajo la dirección de Alfredo Infante. Dado el ataque que ejercitó este periódico al gobierno de Montes, éste los clausuró en diciembre de ese año. Carlos Víctor, arremetió comprando nuevas máquinas e ingresó a formar parte de su Directorio; en abierto desafío al gobierno, que asaltó su edificio ubicado en la calle Mercado. La Razón, sobrevivió porque se convirtió en un órgano nacional.

15. Ella fue la compañera de su vida. Se había adaptado completamente al ambiente minero. Muchas de sus obras de beneficencia quedaron en el anonimato. Su fallecimiento acaeció en 1974.

 

En octubre de 1922, regresó la pareja Aramayo-Tuckerman, de Europa, para establecerse en Quechisla y atender los negocios familiares; ya que su padre estaba cansado y cargando 77 años. Carlos Víctor se había propuesto ampliar el radio de acción social de la compañía. Se preocupó de erigir dispensarios médicos, se dotó de viviendas confortables a los obreros; se instaló energía eléctrica, agua potable y alcantarillado; impulsó la construcción de escuelas para los hijos de los trabajadores, y a éstos los alfabetizó. Pocas empresas bolivianas hacían esto.

En 1924, Carlos Víctor Aramayo, agilizó la fundación de la Asociación de Industriales Mineros de Bolivia “con objeto de procurar, por todos los medios lícitos y con arreglo a las prescripciones legales, el desarrollo y prosperidad de la industria”. En la práctica, los grandes mineros no la apoyaron y se limitó a manejar una pequeña oficina.

En 1925, la firma 'Guggenheim Brothers', de Nueva York, descubridora de las minas de cobre de Chuquicamata, en el antiguo litoral boliviano, propuso a Félix Avelino la compra de Chocaya; y éste difirió la decisión hasta consultar con su hijo Carlos Víctor, quien se opuso. Su padre aceptó esa posición; pero, con la condición que asuma la presidencia de la empresa familiar.

Ese año, Carlos Víctor, fue designado presidente de la 'Compañía Aramayo de Mines en Bolivie'; nueva razón social de la empresa, con sede en Ginebra (Suiza).

Carlos Víctor Aramayo, continuó el laboreo minero en lugares que sus antepasados trabajaron, y era el alma y nervio de las empresas, de: Tatasi, Portugalete, Chocaya y el famoso Chorolque. Con su fortuna adquirió minas de gran importancia en Sud Chichas, Oruro, Esmoraca y los yacimientos auríferos de la zona de Tipuani. Consta en la aduana de Uyuni, que pagó por exportaciones de wólfram, más de medio millón de bolivianos en un año; lo que significaba un aporte importante a las arcas de la nación.

En 1936, Carlos Víctor Aramayo, decidió tentar suerte en Tipuani. Contrató a muchos consultores y envió misiones exploratorias a esa región; entre ellas, una con dos expertos americanos: C.G. Bowers (subgerente de la Compañía) y el ingeniero William Forrest Coperland. Tras extensas prospecciones confirmaron que en los lechos de los ríos de Tipuani, había veneros auríferos. Cuando éstos se encontraban a flor de tierra, su extracción no era problemática; pero, si cuando ellos se encontraban debajo del nivel del los valles y quebradas, y en ese caso había que practicar la minería subterránea, como en las otras minas (mediante socavones, galerías, etc.). Más tarde, envió a otro experto, el famoso ingeniero americano, Edwin Berry. Éste confirmó las apreciaciones de sus colegas y paisanos. Antes de lanzarse a la inversión, decidió extender la prospección a los ríos Mapiri y Kaka, realizando una serie de sondeos para cuantificar las reservas del yacimiento. Conclusión: se detectó oro en las playas, susceptible de ser extraído mediante una draga. Debía invertir en ella más de un millón de dólares, lo que las restricciones de la guerra hacían inviable.

Otro problema, era la falta de camino y lo difícil de su construcción. Entonces, decidieron que el mejor medio de transporte era el aéreo. Se construyó una pista, hangares y talleres de mantenimiento, desmontando parcelas en Teoponte y Tipuani. Con el paso del tiempo, esta pista adquirió pavorosa reputación. Las compañías aéreas Panagra y Lloyd Aéreo Boliviano, firmaron sendos contratos con Aramayo, para realizar vuelos muy arriesgados por cierto.16

Mediante contrato con el Gobierno, en 1937, la compañía se comprometió a pagar una regalía sobre su producción bruta de oro (del 6 al 9%); también, debía vender al Banco Minero, en moneda nacional y a los precios vigentes en el mercado internacional, un porcentaje de su producción, en escala decreciente del 15 al 12%17. Además, el contrato estipulaba una inversión no inferior a 500’000 libras esterlinas, en trabajos de exploración y explotación. La empresa podía vender el resto de la producción, libremente; ya sea, dentro o fuera del país. Entre 1937 y 1952, la compañía sólo alcanzó a producir 1’788 kilogramos de oro, cantidad insuficiente para pagar la inversión efectuada. Al 31 de diciembre de 1945, el flujo de caja arrojaba una pérdida de más de 1.9 millones de dólares; sobre una inversión de 3.7 millones de dólares. Maravillosa como aventura, Tipuani lo fue menos como empresa lucrativa.

 

16. Sobresalen entre los pilotos de esta ruta, el legendario capitán Luis Torres. Y a todos los pilotos se los conocía como los “especialistas de Tipuani”.

17. En ese tiempo el oro tenía un precio de 32 dólares, la onza troy. Hoy, 22 de diciembre 2004, vale 442 dólares, la onza troy.

 

Veamos otra versión al respecto. En el siglo XX, la firma Aramayo logró adjudicarse gran número de hectáreas en el río Tipuani, provincia Larecaja (La Paz), afluyente del río Beni. Allí tenía sus instalaciones para explotar el preciado oro. Los Aramayo, no se preocuparon de construir un camino carretero; eso sí, de una pista de aterrizaje, desde donde era embarcado lo producido, para su comercialización. El Estado boliviano, no pudo controlar lo que se transportaba de Tipuani. Una vez que este yacimiento pasó a poder de la empresa COMIBOL, ésta no la pudo trabajar y transfirió las instalaciones al Banco Minero de Bolivia, que trabajó en administración directa; para más tarde entregarlas a las Cooperativas Mineras, las que actualmente la explotan.

Interesante, es también, la historia de la mina Caracoles. La propiedad estaba asentada en varios kilómetros cerca de Eucaliptus (estación ferroviaria en el tramo Oruro-La Paz). Se decía que contenía ricas menas estañíferas y pertenecía a la Guggenheim (los reyes del cobre). Su gerente, el irlandés Horace Graham, le había propuesto varias veces a Carlos Víctor, comprarle la mina Ánimas. Al no poderlo convencer, Graham, cambió de táctica y sugirió a Guggenheim, que tomara a su cargo la administración de la citada mina, a cambio de un porcentaje sobre utilidades. Esto le pareció interesante a Aramayo; ya que su gerente, Malcolm Roberts, estaba próximo a jubilarse y no había sucesor a la vista. La ventaja de los Guggenheim, era que contaban con un staff de buenos consultores. El contrato fue firmado el 19 de julio de 1928; vale decir, poco antes de la depresión económica mundial, cuya repercusión en Bolivia, fue la caída del precio del estaño. En 1932, Graham visitó a Aramayo, para anunciarle la rescisión del contrato (en fecha julio de 1933). Aramayo puso algunas condiciones, como la que los técnicos se quedasen; esto lo logró y ellos efectivamente permanecieron hasta 1952, año de la confiscación de las minas. Así, Carlos G. Bowers y Claude Kemper, continuaron con Aramayo; en actividades de la compañía, en otros países.

Carlos Víctor, sabía que las inversiones en Caracoles, fueron elevadas; ya que en la planta de tratamiento, la usina eléctrica y la infraestructura en oficinas y edificios se gastó mucho dinero; sólo el camino desde Eucaliptus costó más de un millón de dólares. Entonces, propuso a Graham, que le vendiesen la propiedad de Caracoles, en 20’000 dólares; lo que la Guggenheim, aceptó sin titubear.

Esta mina se valorizó cuando estalló la segunda Guerra Mundial, dado que se levantaron las restricciones a la producción estañífera. La compra, de Caracoles, incluía también la mina de wólfram de Pacuni, que le proporcionó buenas ganancias. Aramayo, esperaba que le aumenten la cuota de estaño por la producción de la mina; lo que en verdad no ocurrió, ya que esa cuota se la otorgaron a Hochschild. Esto los distanció; pero, al cabo de poco tiempo se repusieron esas relaciones.

Escribió un folleto sobre el estado de la minería boliviana, donde vaticinó su decadencia en el futuro si la gran minería fuese estatizada. Junto con Mauricio Hochschild, invirtió en una empresa agropecuaria en Santa Cruz, la 'Compañía del Oriente', para suministrar buena alimentación a los trabajadores mineros (la cual también fue expropiada en 1953). Por otro lado, las relaciones Aramayo-Patiño, fueron siempre cordiales, aunque algo distantes. Patiño, quiso comprarle la mina Chocaya; que, por segunda vez, Aramayo no aceptó.

Una vez que las minas de los barones fueron nacionalizadas, Carlos Víctor y su esposa María Renée, fijaron domicilio en el quinto piso de un edificio en el boulevard Maurice Barres, en Neuilly-sur-Seine, suburbio residencial de París (cerca del bosque de Boulogne). Allí vivieron su largo exilio. Carlos Víctor, seguía dirigiendo sus negocios, contando con el apoyo de sus fieles colaboradores: Hohn Ribon y Gastón Arduz; y su secretaria, Hilda Fairthlough. Mantenía buenos contactos con Leonardo Montero (abogado); y con Charles Bowers y Claude Kemper (ingenieros de la ex-compañía); y con Guillermo Gutiérrez Vea Murguia, su amigo de marras.

 

Bibliografía:

HISTORIA DE LA MINERÍA ANDINA BOLIVIANA (SIGLOS XVI-XX)
Carlos Serrano Bravo
Potosí, diciembre de 2004

Aramayo, J. Avelino
- (1864): Aramayo hermanos y sus acreedores.
  Potosí: Tipografía del Progreso.
- (1836): Proyecto de una nueva vía de comunicación entre Bolivia y el Océano Pacífico.
  Londres: Tipografía de W. And. A. Webster.

Aramayo, F. Avelino
- (1884): The Royal Silver Mines of Potosi, Bolivia.
  Compañía organizada en Londres con los intereses del Real Socavón de Potosí.

Crespo, Alfonso
- (1981): Los Aramayo de Chichas. Tres generaciones de mineros bolivianos.
  Barcelona: Editorial Blume.
- (2002): “Aramayo Ovalle, José Avelino (Ortiz de) (Muraya, P, 1809 – París, Francia, 1882)”.
  En: Diccionario Histórico de Bolivia (2002), vol. 1: 145.
- (2002): “Aramayo Vega, Félix Avelino (París, Francia, 1846 – Biarritz, 1929”.
  En: Diccionario Histórico de Bolivia (2002), vol. 1: 146-147.
- (2002): “Aramayo Zeballos, Carlos Víctor (París, Francia, 1889-1981)”.
  En: Diccionario Histórico de Bolivia (2002), vol. 1: 147-148.

Roncal, Elías
- (1984): Historia de la minería boliviana.
  La Paz: Editorial Offset.

Hillman, John
- (1987): “Los orígenes de la industria del estaño en Bolivia”.
  En: Historia Boliviana VII, 1-2: 43-67.






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última actualización 2015-08-20