CAPÍTULO TUPIZA - Aves tupiceños 3 PÁGINA

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Cóndor andino - Vultur gryphus

Cerro Elefante     -21.42485° -65.69363°  3373m     →Mapa

Vea también información en este sitio   →El Cóndor

LOS CÓNDORES DEL ELEFANTE

Caminando unos tres y pico kilómetros en dirección a nordeste de Tupiza, uno llega al inicio de una senda rocosa y casi borrada que zigzagueando se empina rápidamente por el precipicio al lado del Cerro Elefante. Este último se llama así porque sin aplicar fantasía, de veras se parece a un enorme paquidermo. Consiste en un gigantesco bloque de piedra arenisca que en su punto mayor cae trescientos metros de forma vertical, dando con esta fachada hacia la ciudad de Tupiza. La senda mencionada gana 450 metros de altura para llegar a la Estancia Chuchuli en medio de una chica meseta atrás del Elefante. Desde ahí es fácil llegar en cima de la cabeza del Elefante por atrás, subiendo más 120 metros. En la base del paredón vertical crece en el acantilado un bosque cerrado de altos y añosos cactus candelabros, incluyendo todas las cinco especies presentes en Tupiza – el Trichocereus werdermannianus, Trichocereus tacaquirensis, Oreocereus celsianus, Trichocereus tarijensis y como el más tupiceño entre todos, el Cleistocactus tupizensis. Sea por erosión, sea por corrosión la muralla del Elefante está perforada parcialmente por huecos y cuevas peor que un queso suizo, ofreciendo hábitat ideal para gran número de aves diferentes. Ya hablamos en la página precedente (→Aves tupiceños 2) de las casas de los loros como también de los nidos de aguiluchos, jilgueros, monteritas y dormilonas. Sin duda lo más destacado era un saliente rocoso en el tercio superior meridional de la pared, en donde al abrigo de un peñasco cobertizo vivía hace años una pareja de cóndores. Mientras empezaba a subir la corriente térmica en las mañanas soleadas, las dos aves imperiales se precipitaban en el abismo abriendo sus enormes alas y sin mover pluma iban planear por arriba y por abajo dando vueltas y revueltas y jugueteando uno con otro por los aires celestiales enfrente de la roca vertical. Pasado una horita volvían a su peñasco para empezar el aseo de su plumaje. Era conmovedor ver el cariño que tenía uno con otro ¡Cuantas veces he subido tempranito por allá para asistir a este espectáculo! Creo que los dos ya me conocían, pues se comportaban sin molestarse por mi presencia. Hasta que un triste día vi a algunos imbéciles armados de rifles trepar el acantilado y cuando se pusieron a disparar a los cuatro vientos yo salí precipitosamente; aquellos cretinos iban matarme hasta a mí. Alejándome siguieron los fusilazos por harto tiempo.

Nunca más volví ver a los cóndores del Elefante.



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Cóndor andino - Vultur gryphus

Cerro Elefante     -21.42651° -65.69299°  3513m     →Mapa

Descendiendo un poco las rocas de la cabeza del Elefante hacia la pared vertical, se alcanza un nicho inmediatamente encima del abismo. Ahí la pared hasta es sobresaliente y mirando por abajo uno se encuentra en un grande vacío a más de doscientos metros encima de los cardones en la base. Me gustaba tumbarme boca arriba en ese nicho y esperar que los cóndores subieran a saludarme...



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Jote cabeza roja - Cathartes aura

Cerro Okhe Rumi     -21.40773° -65.72850°  3208m     →Mapa

Este pariente del cóndor no sólo en Tupiza es común. El Jote de cabeza roja es un grande buitre que al pié de la letra limpia las Américas de carroña entre el sur de Canadá y el Cabo de Hornos, estimándose su población en cinco millones de individuos. Ésos de Tupiza parecen ser más grandes que en común, alcanzando unos dos metros de envergadura ¿Será que los chivos que de vez en cuando se estrellan en los precipicios tengan carnes de calidad de exportación? Además parecen existir algunas subespecies aun no clasificadas por la ornitología – mientras que el Jote de cabeza roja común corresponde a ese de la foto aquí abajo con cabeza rojiza y con pico de color marfil, por ejemplo eso de la foto arriba tiene pico con punta negra. El Jote en página →Tupiza 4 con cabeza y pico de color negruzco, más bien es un ave juvenil. Semejante al cóndor, el Jote de cabeza roja anida en cuevas o nichos por los roquedales poniendo entre uno y tres huevos sin construir nido. Ambos padres empollan durante 30 a 40 días y siguen cuidando la cría durante unas once semanas dándole de comer regurgitando. Su expectativa de vida alcanza unos 18 años. Al contrario del cóndor que tiene mucho cuidado con su plumaje y pasa harto tiempo con el aseo personal, el jote en este respecto es desordenado sin igual. Es normal ver por el cielo alguno con plumaje completamente desmelenado, así que parece increíble que “tal cosa” pueda mantenerse planeando en el aire. Durante el día, esa ave que en Tupiza se llama simplemente “buitre” (y para los turistas crédulos “cóndor”) anda planeando solitario por los cielos sin aletear. Igual que el cóndor y en diferencia con las demás aves tiene sentido de olfato excelente capaz de detectar olor de carroña a grande distancia, aunque prefiera carne de animal recién muerto. Al anochecer vuelve de sus correrías a su dormitorio, como por ejemplo a la colonia de sus congéneres en las rocas del Cerro Palala en Palala Bajo. Es un espectáculo inolvidable ver encima de las fantásticas siluetas de torres rocosas unos cincuenta o más buitres gigantes cubriendo el cielo y todos juntos dando vueltas como un vórtice. Me recuerdan la famosa película de Alfred Hitchcock. Trepando los cerros de vez en cuando encuentro a algún que otro buitre loquito que se divierte lanzándose a pico encima de mí para cambiar de rumbo al último momento. Sin embargo esta ave es inofensiva, no acostumbra atacar animal vivo ni propaga enfermedades ningunas; todo lo contrario es importante para el aseo en la naturaleza y útil previniendo amenazas y daños sanitarios para hombres y animales, causados por carroña en estado de putrefacción. Por eso el Jote de cabeza roja está protegido por un número de leyes y tratados internacionales, incluyendo el Tratado de Aves Migratorias en EEUU, por la Convención para la Protección de Aves Migratorias en Canadá, y por la Convención para la Protección de Aves Migratorias y de Mamíferos en México. En EEUU está prohibido capturar, matar o poseer Jotes de cabeza roja, con pena de multas altísimas y hasta pena de prisión. El Jote de cabeza roja es también incluido en la Convención de Especies Migratorias de Animales Silvestres ratificada por 115 países, incluyendo la Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay, Uruguay, Perú, Ecuador, Panamá, Honduras, Costa Rica y Cuba.

La Wikipedia ofrece un artículo excelente sobre el →Jote de cabeza roja



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Jote cabeza roja - Cathartes aura

Cerro Santa Rosa     -21.47506° -65.69648°  3383m     →Mapa

¡La situación se está poniendo pesada! El enorme buitre chistoso está jugando a kamikaze y cañonero con el pobre turista...



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Torcaza - Zenaida auriculata

Cerro Torrejón Punta     -21.38973° -65.77120°  3201m     →Mapa

En oposición a la paloma doméstica que comparte nuestras ciudades y a que cariñosamente llamamos de “rata volante”, la Torcaza o Tórtola es una entre varias especies de palomas silvestres. Vive en gran parte del continente sudamericano desde los litorales hasta el Altiplano andino y en el Caribe. En zonas agrícolas de Brasil y Argentina la cazan por ser considerada dañina para la agricultura. En Brasil ya se observaron bandadas con más de un millón de individuos, aunque es normal encontrarla en parejas o en bandadas chicas. En Tupiza las Torcazas son más raras; sin embargo a los tupiceños al verlas se le hace la boca agua y afirman que son muy ricas para comer. La Torcaza a su vez come por tierra, como la paloma doméstica. Se alimenta de semillas y granos, frutas, insectos y limazas. Se adapta a varios tipos de ambiente prefiriendo zonas áridas o semiáridas. Si dispone de abundante alimento se reproduce en cualquier época del año construyendo una base de palitos muy básicos en arbustos o árboles. Durante esta época lleva a cabo dos y hasta tres posturas de dos huevos cada una, empollando dos semanas. Al salir del huevo, los pichones permanecen en el nido más dos semanas. La Torcaza alcanza hasta 26 centímetros de largo. Sabe volar muy rápidamente y con gran capacidad de maniobrabilidad, superando fácilmente 100 kilómetros por hora.



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Palomita boliviana o Palomita moteada - Metriopelia ceciliae

El Angosto     -21.50950° -65.70268°  2924m     →Mapa

Si es verdad que los ojos son las ventanas del alma, mejor no acercarse a esta palomita... Fácil de reconocer por ese anillo de piel desnuda de color anaranjado rodeando el ojo, la Palomita boliviana es muy chica y llega a medir no más de 17 centímetros de largo. Esta especie se encuentra en zonas andinas rocosas desde el norte del Perú hasta el noroeste argentino y el norte chileno. No obstante se halla también en el litoral del Pacífico. La Palomita boliviana vive mayormente posada en el suelo, sin embargo a diario emprende también largos vuelos para llegar de su dormitorio a su zona alimentaria. Al levantar vuelo emite por su aletazo un sonido característico y único. Come semillas, granos, frutas, insectos y limazas. Anda en pareja o en grupos chicos. Nidifica en nichos de rocas o hasta por el suelo. Su nido es voluminoso, hecho con materiales blandos. Pone dos huevos.



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Atajacaminos ñañarca - Caprimulgus longirostris

Palmira     -21.46733° -65.73032°  2982m     →Mapa

Aquí tenemos a más un ave “terrestre”, talvez la más rara que encontré en Tupiza. A causa de su plumaje mimético, a mi primer encuentro creía que se trate de un pichón de una especie enorme, que había caído de su nido o talvez de un pájaro enfermo. Acercándome hasta al alcance de mano, de repente el pájaro aleteando hizo un gran salto de algunos metros para posarse otra vez por el suelo más allá y permanecer ahí completamente inmóvil. Ahora bien, se trata del Atajacaminos ñañarca o de la Gallina ciega, ave nocturna o crepuscular que mide unos 22 centímetros. De noche silba con voz melancólica y atrapa mariposas nocturnas y otros insectos voladores grandes realizando vuelos acrobáticos. Una característica especial para su sistema de caza son unas cerdas largas que posee alrededor del pico, y que le sirven a modo de "red atrapadora". Durante el día queda en el suelo, escondido entre alguna planta o en un sitio oscuro permaneciendo perfectamente inmóvil. Anida en el suelo, en zonas escasamente vegetadas y sin ninguna protección especial. Deposita dos huevos por nidada directamente sobre la tierra en una ligera excavación. Son ovalados con sus dos polos iguales; y de color blanquecino terroso. La incubación dura unos 20 días. Los pichones permanecen en el sitio; la coloración de los huevos y de los pichones es mimética con el entorno del sitio del nido. Durante el día uno de los dos padres siempre los está cubriendo. En Sudamérica el Atajacaminos ñañarca se distribuye a lo largo de la Cordillera de los Andes desde las tierras bajas al oriente y el litoral del Pacífico hasta el Altiplano. Estimas acerca del número de su populación no existen, sin embargo debido a su amplia distribución no es considerado ser amenazado.



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Zorzal chiguanco - Turdus chiguanco anthracinus

Cerro Torrejón Punta     -21.38580° -65.76029°  3040m     →Mapa

El Zorzal chiguanco es un ave mediana grande de 25 centímetros de largo. Se le distingue por las posturas que asume con la cabeza levantada, el pecho saliente, las alas inclinadas, como en posición de alerta o de escuchar. Por el suelo avanza dando saltos y levantando la cola en busca de alimento que consiste en insectos, lombrices, gusanos y fruta. Anida en arbustos o árboles con ramas muy tupidas. Al Zorzal chiguanco se le encuentra en zonas semiáridas, en las orillas de ríos o riachuelos, en pastos cortos o en la vera de caminos, picoteando el suelo con su pico naranja, en alturas de 2000 a 4000 metros. Se distribuye a lo largo de los Andes desde Ecuador hasta el norte de Chile y Argentina. Tiene un canto de frases melódicas repetidas de tres a seis veces.

La familia de los Túrdidos incluye cerca de 330 especies en 54 géneros que viven en todos los continentes, incluyendo islas remotas.






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última actualización 2015-04-30